‒¿Pero dónde demonios está la llave?

Llevan diez minutos buscando la puñetera llave por toda la habitación y no hay manera. Entre los cinco han transformado un acogedor saloncito en una pocilga. Han apartado el sofá de la pared y ahora está en medio de la habitación, torcido y desorientado. La alfombra está tirada de cualquier manera en un rincón, tratando de pasar desapercibida. Todos los cajones están abiertos, el niño del Sexto Sentido estaría orgulloso. Un par de chaquetas yacen en el suelo con los bolsillos del revés, manga tocando manga para darse ánimos, dos víctimas más en este desastre. El contenido de un pequeño bolso ha sido desparramado sin piedad sobre la mesa: algunas monedas, un pañuelo de papel arrugado, un pintalabios y (oh, my god!) una compresa. Uno de los chicos, el más alto, se para en medio de la sala, mira a su alrededor y se pasa una mano nerviosa por el pelo, dejándolo todo revuelto.

‒Vamos a ver, se nos ha tenido que pasar algo por alto…

‒Lo hemos mirado todo veinte veces y la llave no aparece. Y sin la llave no podemos salir, así que…‒ la dueña del bolso se muerde el labio y pone los ojos en blanco.

‒¿Seguro que no la tiene nadie…?

La pregunta flota en el aire. Todos niegan con la cabeza, cansados. Uno de ellos se dirige a un rincón y se mete las manos en los bolsillos con disimulo. Sus dedos tocan algo metálico. ¡La llave! Mierda, le va a caer una bronca del quince… No puede permitir quedar como el tontaina del grupo. Con la llave escondida en su mano cerrada se acerca como quien no quiere la cosa a la estantería y hace ver que busca algo entre los libros.

‒Ya hemos mirado ahí veinte veces, Javi…

‒¡Aquí está!‒ Javi levanta triunfal la puñetera llave y una minúscula gota de sudor resbala por su sien.

Nadie se ha dado cuenta de que ya la tenía. Bien. Entre vítores y aplausos, el portador de la llave se acerca a la puerta y la abre. Algunos silban como si estuvieran en un concierto.

‒¡Venga, daos prisa‒ apremia al grupo con aspavientos‒, que como lleguemos tarde al escape room nos quedamos sin jugar!

 

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